Hoy domingo 27 de octubre me pasó algo que hace tiempo no me ocurría, me quedé encerrado afuera de mi casa. En el apuro por salir, busco en la oscuridad mis cosas, agarro mi reloj, mi pulsera, mi billetera y salgo cerrando la puerta con manija sólo por dentro detrás mío. En ese momento toco mis bolsillos y me doy cuenta de que dejé la llave del auto adentro. Y la llave de la casa, dentro del auto como podrán imaginarse.
Ya en un momento posterior, mi hermano menor me pregunta cuál es la lección. Y yo le respondí: estar más atento; a lo que él respondió: "Yo pensé que, yo creí que..." y le contesté finalmente: "tenés toda la razón".
Tanto en la vida cotidiana como en nuestra vida espiritual, frecuentemente acostumbramos a asumir las cosas como verdades absolutas solamente porque pensamos o creímos que así eran, sin antes asegurarnos de que así realmente sean.
Siempre la forma más fácil de asegurarnos de que la realidad es como creemos o pensamos es preguntar directamente. Y de esa forma evitamos caer en errores por meras suposiciones.
En el caso de nuestra vida de fe, estamos llamados buscar esas certezas a través de las personas que ya recibieron las enseñanzas y/o llevan más tiempo en el camino. Y Dios se revela a travéś de tres fuentes:
- Las Sagradas Escrituras (la Biblia)
- La Tradición Apostólica (las enseñanzas orales de generación en generación)
- El Magisterio de la Iglesia (la enseñanzas de la Iglesia sobre las Sagradas Escrituras y la Tradición apostólica)
Invitación para hoy y para cada día:
- No asumir directamente como verdad lo que yo creo, o lo que yo pienso. Por el contrario, asegurarme de descubrir la verdad como realmente es.
Espero que tengas un excelente día, que Dios te bendiga y la Virgen te acompañe.
Abrazo en Cristo,
Marco.
